Ahimsa no es solo no dañar, es también tratarnos con respeto. ¿Y si empezamos por hablarnos bonito?
La primera enseñanza del yoga es ahimsa, una palabra sánscrita que se traduce como “no violencia”. A menudo se asocia con el respeto hacia los demás, con evitar causar daño. Pero pocas veces se habla de la violencia que ejercemos hacia dentro.
Nos criticamos, nos exigimos, nos ignoramos. Y a veces, lo más duro no es lo que el mundo nos dice, sino lo que nos decimos nosotras mismas.
Ahimsa también se practica cuando elegimos hablarle al cuerpo con ternura. Cuando dejamos de empujarnos y empezamos a escucharnos. Cuando aceptamos que descansar también es parte del camino.
El yoga no es solo posturas, es una actitud. Y si esa actitud no nace del amor, no estamos practicando del todo.
Una práctica sencilla de autoescucha:
Antes de dormir, siéntate unos minutos con los ojos cerrados. Pregúntate: ¿Cómo estoy hoy? Escucha la respuesta sin juzgarla. Y luego, di en voz baja una frase amable. Puede ser “estás haciendo lo mejor que puedes”, o “mereces descansar”. Hazlo cada noche, como quien riega una planta con cuidado.
Porque ahimsa empieza en cómo nos tratamos… incluso cuando nadie nos ve.